deep-purple-mark-iv.jpgCuando Ritchie Blackmore abandonó Deep Purple en la primavera de 1975, muchos pensaron que eso supondría la muerte del grupo. Sin embargo, la entrada de Tommy Bolin trajo aire fresco y revitalizó su música. Con él a la guitarra realizaron una de sus mejores (y más infravaloradas) grabaciones. Al escuchar el “Come Taste The Band”, me pregunto por qué no volvieron a la senda del éxito. Pero ¿tuvieron alguna opción? ¿O en realidad la semilla del desastre estaba ya ahí, esperando a germinar en cuanto salieran del estudio a la carretera? Es difícil de responder. Lo cierto es que ocho meses después, tras una de las giras mundiales más apocalípticas de la historia del rock, Deep Purple dejaba de existir. Sus componentes habían sucumbido ante los problemas personales, la lucha de egos y el peso de la púrpura.

Pero mejor comenzar por el principio: el día en que se plantea la cuestión de buscar sustituto a Blackmore. Esa tarde de junio, David Coverdale propone a un joven guitarrista americano, versátil, talentoso y buen compositor, llamado Tommy Bolin, al que conocía a través de los discos de James Gang y de un disco de jazz-rock del batería Billy Cobham titulado “Spectrum”. Al resto de la banda no le parece mal, pero, ante la imposibilidad de localizarlo, deciden probar a Clem Clempson, de Humble Pie. Las tres noches de ensayos con él no salen bien y Clempson regresa a casa. Jon Lord piensa entonces en tirar la toalla y dar por cerrada la historia del grupo, pero Coverdale insiste sobre Bolin.

Finalmente consiguen contactar con él, para darse cuenta de que en realidad vivía a sólo tres kilómetros del centro de operaciones de la banda en Los Angeles. Lo convocan a una prueba y, a pesar de que el guitarrista llevaba dos días sin dormir preparando su propio disco, esta vez la cosa funciona. “Vino y al instante hubo magia”, comenta el manager del grupo en una entrevista de la época. “Desde el primer par de compases supimos inmediatamente que él era el tipo. Le gustamos, nos gustó, y ese fue el punto de partida”. Habían encontrado nuevo guitarrista.

Todas esas declaraciones a la prensa de los primeros meses transmiten un clima idílico. Todo son manifestaciones acerca de lo bien que se sienten ahora como grupo. Bolin expresa respeto hacia el legado de Deep Purple, alaba la capacidad de sus colegas y afirma que con ellos al lado toca mejor que nunca. Por su parte, los veteranos del grupo, con Jon Lord a la cabeza, se muestran compresivos hacia el nuevo miembro y elogian su adaptación. Incluso aparece Ritchie Blackmore, desde la distancia, para opinar que sus excompañeros han acertado de pleno al elegir a su sustituto: “Tommy Bolin es muy bueno, uno de los mejores”. Lo más sorprendente es que todos parecen sinceros, y, de hecho, es muy probable que lo fueran.

deep_purple_come_taste_the_band.jpgNo obstante, pronto queda claro un hecho que arroja algo de sombra sobre la nueva formación, y es que Bolin no está muy interesado en aparcar su incipiente carrera en solitario. En agosto, el grupo se desplaza a Munich para grabar “Come Taste The Band” y, nada más finalizar, el guitarrista regresa a EE. UU. para terminar su propio disco, “Teaser”, que había dejado a medias al unirse a Deep Purple. Sus nuevos compañeros lo aceptan sin problemas, pero esto, además de probar que Bolin no se siente completamente realizado con la música del grupo, acarreará la consecuencia negativa de que ambos discos lleguen a las tiendas casi a la vez.

“Come Taste The Band” aparece en octubre y, a pesar de las reticencias iniciales de la prensa inglesa (sobre todo hacia ese yankee que va a tocar la guitarra en una de las vacas sagradas del rock británico), el disco recibe reseñas favorables. La mayor parte de la crítica ve el disco como lo que es: una vibrante fusión de soul, rock y funk, con la que Deep Purple daba un paso adelante. El reseñista de UK music paper, por ejemplo, escribía: “En total, “Come Taste The Band” surge como un álbum realizado por una unidad creativa fresca y viva, a años luz del tedio de “Stormbringer”. Y añade un poco más adelante: “Muestran aquí que todavía son una banda viable, capaz de producir música interesante y excitante”. Las expectativas, por tanto, parecían halagüeñas.

Con un resquicio para la esperanza, arrancaba a principios de noviembre la primera gira mundial de la nueva formación de Deep Purple. Su discurrir sería desastroso, pero eso queda para la segunda parte del artículo.